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Manos firmando un documento con un bolígrafo sobre una mesa oscura
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Visión

Una LLC en Estados Unidos: lo que cambia y, sobre todo, lo que no

VF
Equipo ValfiguerEquipo editorial
8 sept 20269 min de lectura

La pregunta llega casi siempre con la misma forma: «si monto una LLC en Estados Unidos, ¿dejo de pagar impuestos aquí?». La respuesta corta es no. La larga es más interesante, porque explica para qué sirve de verdad una sociedad estadounidense y por qué mucha gente la monta por el motivo equivocado.

Merece la pena tratarlo ahora que la fiscalidad internacional vuelve a moverse. *The Economist* contaba la semana pasada que el IRS ha puesto el foco en los beneficios que las empresas estadounidenses tienen fuera. Va de compañías grandes, pero apunta a una dirección que afecta a todos: la tolerancia con las estructuras cuyo único propósito es mover beneficio de sitio se estrecha, no se ensancha.

Constituimos sociedades en EE. UU. con Kodiak Base, así que esta conversación la tenemos a menudo. Lo que sigue es lo que contestamos.

Dónde tributas lo decide dónde vives, no dónde registras

El malentendido de fondo es confundir dos cosas distintas: dónde está constituida una sociedad y dónde reside fiscalmente quien la controla. Son ejes independientes. Puedes tener una sociedad en Wyoming y seguir siendo residente fiscal en España, y entonces sigues teniendo obligaciones en España.

Una LLC, además, es transparente por defecto: no tributa como entidad, sino que el resultado se atribuye a sus socios. Es decir, la sociedad no es un muro entre tú y tu administración tributaria. Es una forma jurídica, no un domicilio fiscal.

Quien te venda lo contrario te está vendiendo un problema con retraso. Y lo peor de ese problema es que no llega el primer año, llega cuando ya has construido encima.

Para qué sirve de verdad

Dicho eso, hay razones sólidas para constituir en EE. UU., y todas tienen que ver con operar, no con tributar:

  • Cobrar en dólares sin fricción. Una cuenta bancaria estadounidense y las pasarelas de pago que la aceptan resuelven un problema real para quien factura a clientes de allí.
  • Contratar y facturar con normalidad en ese mercado. Muchas empresas estadounidenses tienen procesos de proveedor que asumen una contraparte local. No es imposible sin ella, es más lento.
  • Estructura societaria reconocible. Si algún día entra un inversor o se reparte propiedad entre varios socios, la LLC —y su hermana la C-Corp— son formas que todo el mundo en ese ecosistema sabe leer.
  • Separación de responsabilidad. La *limited liability* del nombre: separar el patrimonio personal del de la actividad. Esto sí es una protección, y es la que más se menciona de pasada.

Ninguna de esas razones es fiscal. Todas son operativas. Y son suficientes por sí solas si tu negocio mira a ese mercado.

Lo que nadie cuenta en el folleto

Una sociedad es una obligación recurrente, no un trámite. Hay presentaciones anuales, hay un agente registrado que hay que mantener, hay un EIN que gestionar y hay declaraciones informativas que presentar aunque la sociedad no haya facturado nada. Una LLC olvidada no desaparece: acumula.

El coste real, por tanto, no es el de constituir. Es el de mantener en regla, año tras año. Cuando alguien compara precios de constitución y no de mantenimiento, está comparando la parte pequeña.

Una sociedad no es un trámite que se hace: es un calendario que se asume.

El estado importa menos de lo que crees

Media internet discute si Delaware, Wyoming o Nuevo México. Para una sociedad operativa pequeña, esa discusión está sobredimensionada: las diferencias reales entre estados son de coste anual, privacidad del registro y trámites, no de si podrás operar. Ninguno te va a impedir facturar.

Delaware pesa cuando hay inversión institucional de por medio, porque su derecho societario es el que los fondos conocen de memoria. Si no estás en esa conversación, estás pagando por una infraestructura jurídica que no vas a usar. Wyoming y Nuevo México salen más baratos de mantener y publican menos datos del socio, que para una operación de una o dos personas suele ser lo que importa.

Lo que sí conviene mirar antes de elegir: cuánto cuesta el informe anual, si el estado cobra una tasa por franquicia y qué se publica de ti en el registro. Son tres preguntas concretas con respuestas públicas, y contestarlas lleva menos que leer un hilo de opiniones.

Y luego está el banco

La parte que más gente subestima no es la constitución: es abrir la cuenta. Un banco quiere entender qué hace la sociedad, quién la controla y de dónde viene el dinero, y quiere verlo documentado. Presentarse con la constitución y el EIN pero sin expediente es la vía rápida a una negativa sin explicación.

Por eso el entregable útil de una constitución no es el certificado: es el expediente completo con el que te presentas a solicitar la cuenta. Constitución, EIN, acuerdo operativo, dirección, y la explicación coherente de la actividad. Con eso el proceso es administrativo. Sin eso es una lotería.

Cómo decidirlo sin equivocarse

La prueba que proponemos es sencilla. Escribe la razón por la que quieres la sociedad en una frase. Si esa frase contiene la palabra «impuestos», vuelve a empezar: la respuesta está mal planteada y el asesor que necesitas es fiscal, en tu país, antes que ningún formulario.

Si la frase dice «necesito cobrar en dólares», «mi cliente exige un proveedor estadounidense» o «quiero separar mi patrimonio de la actividad», entonces la herramienta encaja con el problema y el resto es ejecución.

Y esa ejecución es aburrida a propósito: elegir estado, presentar la constitución, obtener el EIN, dejar el expediente listo para abrir cuenta. Nada de eso requiere viajar ni tener número fiscal estadounidense previo — el EIN tiene una vía propia para solicitantes sin SSN ni ITIN, que es donde mucha gente se atasca.

El contexto importa, y está cambiando

La dirección del viento regulatorio es hacia más transparencia, no menos. Eso no hace peor a una sociedad estadounidense: hace peor a una sociedad estadounidense montada como escondite. Si la tuya existe por una razón operativa que puedes explicar en una frase, los cambios normativos son papeleo. Si existe para no explicar nada, son un riesgo.

Construir una empresa que dure es, sobre todo, no dejar minas enterradas. Es la razón por la que simplificamos nuestra propia estructura de marcas: una organización que se explica en una frase aguanta que la miren de cerca; una que necesita un diagrama, no.

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